Manuel Ascencio González ha sentido la necesidad compulsiva de escribir durante toda su vida, acaso con una finalidad utópica: desentrañar el sentido de la existencia. Su propensión a la molicie -en su acepción de afición al regalo, no de nimia delicadeza o afeminación, se aclara-, le proporcionó el confort suficiente para mantenerlo adormecido hasta el año 2005, cuando las circunstancias le permitieron -mejor dicho, le obligaron- a tomarse un año sabático para escribir una novela que pretende ser ´filosófica´. Ahondar en el ´conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano´, según define la palabra ´filosofía´ el diccionario de la RAE, le agobió de manera tal, que durante sus ratos libres, y a modo de distracción, se dedicó a escribir media docena de cuentos. También rescató antiguos relatos y, contrario a la opinión de los eruditos, los reescribió infinidad de veces en lugar de tirarlos a la basura. Estos cuentos, recopilados en el presente volumen, acometen temas que van de lo fantástico a lo cotidiano -e incluso alguno de naturaleza erótica-, y presentan, en general, la eterna lucha del hombre por alcanzar sus más caros anhelos. Pudiera decirse que Los antípodas es un libro de descubrimientos o, como se titula uno de los relatos, de revelaciones.