Un hermoso día, al principio de las vacaciones de Pascua, cuatro niños y un perro viajaban juntos en tren. Llegaremos pronto -comentó Julián, un chico alto y fuerte, de expresión resuelta. ¡Guau! -ladró Tim, el perro, que se sentía inquieto e intentaba mirar por la ventanilla. Baja, Tim! -ordenó Julián-. Deja que Ana mire. Ana era su hermana menor. Esta asomó la cabeza por la ventanilla. ¡Ya entrarnos en la estación de Kirrin! -dijo-. Espero que la tía Fanny esté esperándonos. ¡Claro que estará! -respondió Jorgina, su prima. Parecía más un chico que una niña, porque llevaba el pelo muy corto y rizado. De hecho nadie la llamaba Jorgina. La llamaban Jorge y no contestaba por otro nombre. También ella tenía el aspecto resuelto como Julián. Dio un empujón a Ana y se asomó a su vez por la ventanilla. ¡Qué agradable es volver a casa! -dijo-. Me gusta estar en el colegio, pero será divertido pasar las vacaciones en Villa Kirrin, y quizá podamos navegar hasta la isla Kirrin y visitar el castillo que hay en ella. No hemos estado allí desde el verano pasado.