El dragón típico habitaba en la República Imaginaria y tenía mucho, mucho trabajo. No paraba. Iba siempre de aquí para allá, de un cuento a otro. Un día perdió sus papeles y quedó indocumentado. Es aquí donde esta historia se torna triste: poco a poco, las princesas se fueron oponiendo a que el dragón las secuestrara, y los nobles caballeros fueron negándose a combatir contra un villano sin documentos.