Hemos de ser muy cuidadosos con lo que pensamos y decimos porque el pensamiento circula en corrientes tan reales como las del aire y el agua. Atraemos hacia nosotros todo aquello sobre lo que pensamos y hablamos, y ello actúa sobre nuestra mente y sobre nuestro cuerpo, para bien o para mal. Si fuera posible ver el pensamiento con el sentido de la vista físico, podríamos observar sus flujos discurriendo entre las personas. Veríamos cómo individuos de temperamento, carácter y motivaciones similares, se hallan en la misma corriente de pensamiento.