Una Arquitectura que nos envuelve como presencia fí,sica, simple y densa, imposible de describir, de imitar o de fotografiar, universal y actual.
El exterior no agrede, se torna arquitectura anó,nima. No obstante inesperadamente y por momentos habita la soledad de las cosas perfectas, irrumpe ní,tido como detalle salido de un paisaje desenfocado.
Alguien nos conduce por los espacios.
No apetece hablar, y todo es ú,nico, pero nunca absorvente.
La luz favorece el descanso, o el é,xtasis. Y el color? Acompañ,a el variable estado del Alma. Nunca es definitivo. Se presiente una segunda espontaneidad: la espontaneidad que oculta un yo cargado de mensajes, pró,ximos y remotos (las fotografí,as reproducen colores vivos y puros, encontramos estos colores en cualquier calle de la Ciudad de Mé,xico, o en una ruina maya, pero de la visita a la casa de Barragá,n, el color que recuerdo es el del Oro).