A Monelle y a Humphrey no les hizo ninguna gracia que su madre decidiera ponerse a trabajar: no tenían ningún interés en cambiar a una madre que se queda en casa por una madre que trabaja. Entonces comienza el desfile de canguros. Mamá elige a al Sra. Turpin, una viuda que tiene voz de Pato Donald, unas piernas de pájaro peludas, pelillos en la barba y, sobre todo, muchos principios muy sanos y muy estrictos. A mamá le da seguridad. Humphrey se las apaña para hacerse amigo de ella. Monelle es la única que se ha dado cuenta de que un monstruo acaba de meterse en casa.