Cuando una persona se enfrenta a una enfermedad terminal, toda su existencia como ser humano, todos sus valores y sus certidumbres sufren un cambio radical. Aspectos de la vida que previa mente tenían gran importancia dejan de interesarle por completo, mientras que otros adquieren una relevancia mucho mayor.En estas circunstancias extremas, la persona afectada tendrá que hacer frente a un abanico muy amplio de problemas físicos psicológicos y de adaptación, de una intensidad y gravedad des-conocidas hasta entonces para ella.La trascendencia de la situación los cambios que se producen en su vida y los nuevos problemas a los que se enfrentan, hocen brotar la necesidad vital de ser tratados como seres humanos. Es-tos enfermos necesitan ayuda para abordar sus problemas físicos y psicológicos. Precisan ser atendidos, aceptados y queridos como personas; y no únicamente como pacientes o como enfermos.El profesional que atiende a uno de estos enfermos tiene ante sí la oportunidad de vivir la experiencia más humana y gratificante de su actividad profesional: aliviar el sufrimiento de uno persona que sufre, en el más amplio sentido de la palabra, y lograr que recupere la ilusión por vivir.Por tanto, el reto para el profesional es enorme: conseguir que una persona con una enfermedad incurable viva lo que le resta de vida. Que viva cada día. Que VIVA con mayúsculas.A pesar de lo que pudiera parecer, un objetivo tan pretencioso no es imposible ni especialmente difícil de alcanzar. No se requieren técnicas complicadas tecnologías avanzadas de última generación, medicinas caras ni conocimientos científicos extraordinarios. Para aliviar el sufrimiento do un ser humano únicamente se necesita que las personas que le acompañan y los profesionales que le atienden lo hagan con unas ACTITUDES determinadas: que le muestren que entienden su problema que van o hacer todo lo que esté en su mano poro ayudarle que pase lo que pase le van a acompañar hasta el final y que no le van a abandonar.Por otra parte, para controlar adecuadamente los síntomas físicos y psicológicos, se precisan unos conocimientos básicos de Cuidados Paliativos, es decir, unas APTITUDES elementales, que permitan manejar los problemas que vayan surgiendo, prevenir aquellos que puedan esperarse y educar a la familia en la administración de medicamentos pautados y ´de rescate´.Con este libro queremos transmitir la experiencia y ros conocimientos que hemos ido adquiriendo en nuestro trabajo diario en un Equipo Soporte de Atención Domiciliaria (ESAD), conviviendo con enfermos terminales en su domicilio apoyando a sus familias y a los profesionales de Atención Primaria y abordando los problemas y las distintas situaciones a las que nos enfrentamos habitualmente.Durante todo este tiempo hemos aprendido que con ACTITUD Y APTITUD el profesional de paliativos puede conseguir satisfacer las principales necesidades del paciente, aportarle la seguridad que necesita, aliviarle los síntomas físicos y psicológicos y. finalmente ayudarle en a agonía y en la muerte.Nosotros consideramos que asistir a uno persona con una enfermedad terminal es una parle fundamental de nuestros profesiones. Pretendemos que este libro pueda servir de ayuda para nuestros compañeros de Atención Primario de Salud en su afán de atender a estos enfermos en toda su integridad. El resultado de hacerlo así es absolutamente gratificante y edificante a nivel profesional y, lo que es más importante, a nivel humano.