Dos ingredientes básicos de la pequeña liturgia que rodea a la gastronomía moderna son el vino y los licores. Cada botella de vino encierra todo un mundo. El proceso de elaboración de un caldo -tantos y tan distintos a lo largo y ancho de los países tiene algo de alquimia y de milagro. El vino, por lo demás, ennoblece el acto de comer y de beber hasta convertirlo en ocasiones casi en arte. Aguardientes y licores se han convertido en compañeros inseparables de las tertulias de sobremesa y las reuniones con amigos y familiares, momentos idóneos para degustarlos con sosiego y calma. Son, además, un ingrediente fundamental de los populares combinados y cócteles.