A pesar de la gran cantidad de libros de metodología de investigación que inundan las librerías, sale al mercado un nuevo libro que aborda el problema de la elaboración de monografías que tienen como fuente fundamental otros materiales escritos. Pero no se trata de un libro más, los autores presentan una novedosa estrategia en la que además de considerar las fuentes del cíberespacio están mostrando una lógica de construcción novedosa en donde, a partir de la definición, en proceso, de un argumento central se van construyendo argumentos parciales que permiten al novel escritor en ciencias sociales definir un esquema que, a manera de columna vertebral, va dando un orden lógico y una secuencia clara que le permite desarrollar, de una manera didáctica, la exposición de un tema específico. Además de disciplina y trabajo constante, el joven escritor necesita de una orientación efectiva que le garantice que de una manera real obtiene resultados concretos por cada momento que dedique a realizar su trabajo de escritura. Es bien sabido que escribir es una labor que no necesariamente se ubica en el principio de placer del que nos hablaba Freud. Esta es una actividad que hay que hacer a pesar de la cantidad de distractores agradables que atraen y atrapan la atención de los jóvenes. Es falso que siempre la escritura es un placer del alma. Son pocos los seres humanos que pueden hacer esa afirmación. Para la mayoría de los mortales, la escritura académica es un ejercicio que exige ´nadar a contracorriente´ de los placeres pasajeros de la vida cotidiana. Es más atractivo tomar café con los amigos, chatear, hablar por teléfono o irse al cine. Escribir implica la concentración seria y profunda que obliga a separarse de los problemas cotidianos. Escribir implica pensar de manera sistemática. Escribir implica tener un método en donde se pueda ir archivando y ordenando una serie de ideas previas con base en las cuales se elaborará nuestro escrito. Este es el fundamento que tienen los autores para organizar sus ´claves´. Por ello, les auguro una gran receptividad de su texto por esta nueva generación de jóvenes que no parecen haber nacido con una pluma en la mano sino con un chip en alguna parte de su cuerpo.