érase una placida playa, donde se podían ver los rayos del sol y la luna reflejarse en sus aguas con total quietud, se encontraba en el lado sur de una isla llamada índica. En su lado norte se hallaba un bosque frondoso lleno de grandes árboles y gigantescas plantas, los habitantes de la isla, los indiquitos -en los calurosos días, después de sus arduas labores se reunían para contemplar el frondoso bosque, oros iban a deleitarse con la brisa del mar en las tardes llenas de sosiego y tranquilidad, donde podían ver los árboles que topaban con las nubes blancas en una caricia melodiosa, la vegetación era tan exuberante que todas sus ramas se entrelazaban como si vivieran un perenne abrazo que ningún indiquito se atrevía a tocarlas o cortarlas.