Lou Rodríguez: Traje unas flores a la reunión de amigos de Judith. Ave del Paraíso. La vendedora me dijo en voz baja que no era para maricas. ¿A ella qué chingados le importa, si a final de cuentas le conviene que se vendan? ¿Por qué le tendría que contar que toda mi ropa blanca ahora es rosa porque soy un puñetas para lavar? Además ahora cualquier cabrón usa ropa rosa nada más porque sí. Y si un día sólo tengo limpio el pantalón blanco, una playera rosa y ando en crocs, ¡a poco me veo mal si compro unas Aves del Paraíso? En fin: dejando de lado qué tan marica me veo comprando flores, me gustan las reuniones sociales para beber con las pocas amistades que me quedan en el mundo. Eso mientras nos ávan matando. Vivir en una ciudad que es disputada por los nazis, los del cártel de la jaiba y los militares, es un milagro de a diario. Por ahora estamos en la sala de Judith y justo frente a mí veo las tetas que Silvia se acaba de operar. Pidió unos días en su trabajo en Cervecería para irse a McAllen a que le agregaran una letra más a sus brasieres. A mí me gusta su nueva talla, aunque espero que no las tenga más aguadas que de costumbre. Ora que si las tiene más pesaditas, pues los brasieres deben ser de buena calidad. En alguna universidad han de tener la carrera de ingeniería en ropa interior, para las personas a las que les cuelgan las nalgas o los pechos...