Juanma Roca tiene toda la razón cuando describe la crisis del período 2008-2009 como un punto de inflexión en la evolución de las escuelas de negocios. La historia no ha terminado todavía de escribirse, pero se vislumbran ya indicios de una transformación profunda en los valores, los contenidos y los métodos de la formación empresarial. ¡Ya iba siendo hora! El desastre de Wall Street en 2008 y la consiguiente recesión económica mundial han generado un debate enérgico acerca de la responsabilidad que la sociedad debe exigir a las empresas y a aquellos encargados de dirigirlas, e incluso han motivado la reflexión sobre si los directivos deberían realizar una especie de ?juramento hipocrático? como hacen otros profesionales. La presión sobre las empresas y los directivos es cada vez mayor, a medida que las encuestas reflejan niveles de desconfianza superiores y los medios de comunicación prestan más atención al comportamiento ético empresarial. Incluso los dirigentes políticos reunidos en la reciente reunión de los países que forman parte del G-2o en Pittsburgh no dudaron en subrayar ?el comportamiento temerario y la falta de responsabilidad? de algunos directivos como una de las causas de la crisis.