El divorcio en México se ha manejado desde una perspectiva errónea. No se trata sólo de la terminación de un contrato civil tramitado por un abogado ni de un problema personal que cada uno de los cónyuges debe resolver por su cuenta en una terapia psicoanalítica. Su complejidad es tal, que se ha convertido en un problema social, en un proceso que trasciende la relación de pareja y tiene impacto en la célula básica de la sociedad, que es la familia. Para equilibrar dicha situación, se creó la mediación familiar en el divorcio, que constituye un recurso para las personas casadas o que viven en unión libre y han decidido separarse, facilitándoles ese trance tan importante, tomar las riendas de la situación y negociar un acuerdo viable que se ajuste a sus necesidades particulares y a su estilo de vida. La mediación promueve una forma alternativa de entender y manejar los conflictos interpersonales.