En la última década ha ocurrido un fascinte fenómeno con lo que se ha dado en llamar ´Medici Basada en Evidencias´ (MBE), que por un lado ha provocado un verdadero alud de publicaciones en las revistas médicas, promoviéndola como u respuesta a las plegarias de muchos médicos que desean utilizar la mejor evidencia científica reciente en su toma de decisiones, y por el otro, ha producido múltiples y acérrimas críticas por lo que algunos perciben como el principio del fin del arte de la medici y de la clínica como la conocemos. Probablemente ninguno de los dos extremos sea lo ideal, pero lo cierto es que la MBE es u de las historias de éxito de los noventa y principio del nuevo siglo, con gran difusión a diversos niveles de docencia, investigación y práctica clínica en múltiples instituciones médicas y educativas de varias partes del mundo. A pesar de las críticas, parece difícil poner en duda los fundamentos principales de la MBE, como son utilizar los productos de mayor calidad de la investigación clínica y aplicarlos en el manejo de nuestros enfermos de u manera apropiada y oportu, participando con el paciente en la jorda de toma de decisiones que se requieren en la atención y recuperación de la salud. Los médicos tenernos el imperativo ético de proporcior los tratamientos y de indicar las pruebas diagnósticas que con mayor eficacia contribuyan al bienestar del paciente, tomando en cuenta las consideraciones pertinentes a nuestro entorno social, económico y de disponibilidad de recursos.