Cada seis años la comedia política mexicana se renueva, se ilusiona, y aunque muchos de sus actores participan por primera vez, algunos obstinados se cuelan con el fin de no soltar el protagónico de villano, de vaciador de arcas, príncipe de las mareas políticas y hasta de hazmerreír. Así las cosas, la disputa entre candidatas y candidotes, cenicientas y dinosaurios, pejelagartos, mujeres diferentes, choferes de combis al amparo de Maestras encumbradas, amigos de innombrables, desahuciados que pidieron pan y no les dan, ex presichentes y demás flora y fauna, llega a su punto culminante con las elecciones y se extiende a lo largo de los meses. México al chile es un recuento de lo que pasa antes y después de esos seis años de lágrimas, risas y amor, un retrato cruel y divertido de quienes hacen posible este desmadre, desde sus curules, diputaciones y reinos, una escenificación socarrona de su forma de gobernar y de la manera en que se burlan de la democracia, una denuncia de lo que han hecho con nuestro país líderes sindicales, partidos políticos e ideólogos del desastre nacional. El maestro Chiles, Fabián Giles, héroe de la denuncia picante y chocarrera, paparazzi de la cultura de la simulación, ofrece en este manual de cinismo, digo, de civismo, sin pelos en la lengua y al chile, el rostro maquillado con negra ironía de quienes ejercen de manera siniestra el poder en México.