El Abuelo Camacho peleó de niño, con una iguana descomunal, y venció. De muchacho, sufrió el engaño y los golpes, pero salió como un héroe. Al enamorarse, tuvo que luchar contra la barrera de la condición social que lo separaba de la preciosa Isabela, y consiguió superarla. Ya viejo, tuvo que lidiar con la insoportable losa de una ausencia y un vacÃo que le impedÃan casi respirar, y esta vez parecÃa que acabarÃa derrotado. ´Ahà venÃa el abuelo, como un alma en pena, como un animal lunático, como una larga sombra encorvada, dando tumbos por la vereda, con sus sentidos, todos ebrios, paseando su angustia y su borrachera´, hasta que un destartalado aparato de radio le trajo una noche los ecos de un mensaje que le sacarÃa de la ciénaga de abandono en que voluntaria y obstinadamente se habÃa enfangado. Se trata, en definitiva, de un camino de madurez que nos llevará por tres generaciones, por el campo, por la ciudad, aun por el Mississipi, entre las notas de las canciones populares.