El título de este artículo puede parecer una simple metáfora del rol de las mujeres como madres, pero, en realidad, se trata de la ajustada descripción de una lacerante realidad cotidiana: en áfrica, las mujeres son responsables de acarrear sobre sus cabezas y espaldas el 90% del agua que consume la población, dedicando a ello una media de cuatro o cinco horas diarias, en un trasiego extenuamente que las lleva cada día a varios kilómetros de su casa y que consume el tiempo que millones de jóvenes y niñas deberían poder dedicar a su educación. En mis viajes por el continente africano, me ha impresionado especialmente ver a esas niñas que cargan bidones de veinte litros de agua que son casi mayores que ellas.