Como mujer, como judía y como migrante, Maayan Lev sufre un exilio-vejación múltiple. Su búsqueda desenfrenada del hogar la lleva a explorar, a través del cuento, su vida y la vida de otras mujeres. Encontrará cobijo en el dolor, en la magia, en un matrimonio- servidumbre, pero será el erotismo, lúdico por excelencia, que la redimirá y le otorgará el poder de atarse y des-atarse.áDame, Dios, un alma descalza, para que pueda correr si hay que emprender la huida. Protégeme de amar demasiado, de ser adicta a un solo dolor, de venerar mis cadenas, de anhelar el reposo.áLlena mi alma de helio para que rompa la gravedad dolorosa de los afectos. Libera mi corazón del deseo de encadenar a otros, de llevar como trofeo, a través de las calzadas, a almas cautivas.áQue mis ojos nunca se acostumbren a los mismos paisajes. Que siempre haya duda de otro encuentro. Que si mi corazón es vulnerado, no sea por demasiada expectativa, sino por demasiada libertad.áQue mi amor no tenga hogar donde descansar sus certidumbres. Que no caiga en la seguridad que todo corroe. Que sea una pregunta que se responde con otra, un camino que no lleva a ninguna parte, un beso lanzado y perdido en el limbo.Un amor volátil e indoloro, un amor judío, un amor errante.