Existió un canon de voces que logró quebrar el unísono de la historia, y tuvieron que transcurrir varios milenios para que la humanidad lo escuchara, surcando los tiempos y removiendo el polvo de los siglos. Fueron mujeres ´sin voz´ para su tiempo, y sufrieron esa inclemencia como una iniquidad injustificable y absurda, pero por ello y a pesar de ello, realizaron su obra. Todas tienen un denominador común: no importó el obstáculo, dotadas de una extraordinaria fortaleza y guiadas por una voz interior que las alentó a seguir adelante sin cejar en sus convicciones, se ofrendaron a una lucha de igualdad. Y la ganaron. Algunas prefirieron la muerte a la humillación de una vida claudicante, y, bajo ese signo, inscribieron su nombre en los anales de la historia para que la humanidad hallara en él un legado inspirador. Para ello, todas estas grandes mujeres trascendieron, de diferentes maneras, las barreras impuestas por su época. Y el precio que pagaron muchas veces, fue el más alto. Hoy las conocemos en toda su magnitud, y sabemos fehacientemente que el mundo en el que vivimos es mucho mejor de lo que hubiera sido sin conocer su gesta, por eso es que, también hoy, tienen la recompensa más alta que el mundo puede ofrecerles: la de ser referentes y pilares en la construcción de una humanidad nueva.