Si deseamos que los niños tengan un futuro feliz, es necesario desear a la vez que los adultos tengan un pasado dichoso ´¿Es que vivimos sólo para recordar?´, se preguntaba el poeta chiapaneco Jaime Sabines. La respuesta, mucho más intrincada de lo que parecerá, bien puede ser que sí, por lo menos en medida más que considerable. Una mujer o un hombre sin memoria serían incapaces de formular proyecto alguno, se situarían forzosamente en una dimensión atemporal: al estar desprovistos de pasado, hallarían cancelado su futuro y su presente carecería de todo sentido.