A decir verdad, algún ejemplo de naturaleza muerta nos han llegado de la antig?edad, pero no cabe duda de que hasta el Renacimiento tardío no se le había considerado nunca como un género independiente. Quién inició el género, al menos en Italia, fue Michelangelo da Caravaggio, de quien es muy conocido su espléndida ´Cesta de fruta´, expuesta en la Pinacoteca Ambrosiana de Milán. Una característica específica de la naturaleza muerta (que los ingleses llaman precisamente ´Still-life´, es decir ´Vida silente´) es que los protagonistas del cuadro son vasijas, instrumentos, fruta, piezas de caza, adornos, etc., o sea objetos inanimados, a los que sin embargo se logra dar un soplo de vida ideal mediante la composición y la atmósfera del conjunto. En este sentido, un maestro del siglo XX es Giorgio Morandi, quien con amor y paciencia dedicó toda su vida a pintar naturalezas muertas que, en su aparente sencillez, son auténticas obras maestras. Le bastaban viejos quinqués, botellas o tarros oxidados para plasmar en la tela el polvo del tiempo y el secreto de las emociones humanas. ¿Cómo lo hacía? ¿Qué inspiraba su mano?. Es fácil contestar - pues es verdad- que se trata del genio innato de un gran artista. Pero nosotros también sabemos que Morandi no se cansaba nunca de estudiar, profundizar, reelaborar, e incluso a veces destruir y reconstruir, de lo que se deduce que (con todo el respeto por la imaginación y genial improvisación de algunos) la constancia y la aplicación tienen su importancia. Había veces en las que Morandi trabajaba en un cuadro durante varias semanas.