Lo que comenzó como un idílico viaje en velero desde Barcelona hasta Canarias se convierte en una terrible pesadilla de la que Nico no puede despertar. ¿Cómo es posible que me esté pasando esto a mí?ö, se pregunta constantemente. Y en busca de las respuestas inicia un emocionante recorrido que lo llevará de vuelta a casa...áEl sol brillaba con fuerza a sus espaldas. Nico dejó de mirarlo. Ninguno habló, ninguno de los dos se movió por un buen rato; después, el pequeño volvió a ir hasta los arbustos para cortar otras ramas, a las que el calor no hubiera secado todavía las gotas de rocío, y, con mucho cuidado, fue hasta donde estaba Nico. Este levantó los ojos y vio que el niño estaba a su lado con una hoja de aloe en la mano, ofreciéndosela. Puso un extremo de la hoja en la boca de Nico y le dio de beber como antes lo había hecho él. El hilo de agua dulce lo hizo revivir. Nico cogió la hoja y tomó hasta la última gota. Se sintió mejor, aunque todavía tenía escalofríos y sentía el cuerpo entumecido. Ninguno de los dos dijo nada. Hablar hubiese sido lo más lógico, pero el desconcierto era tan grande que ni a uno ni al otro le salía una palabra de la boca. Solo se quedaron mirando el horizonte, callados y quietos.