La situación es confusa. Por una parte, parecen repetirse las escenas bíblicas en las que Jesús es rodeado por la muchedumbre, es empujado, apretujado...; la devoción a Jesús gana nuevos horizontes tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella. Y, por otra parte, los exégetas no cesan de levantar barreras que hacen cada día más difícil nuestro acceso al Jesús histórico, acceso que, a veces, resulta completamente imposible.áA grandes rasgos podríamos describir la situación de la manera siguiente: el pueblo, o bien no tiene en cuenta esas barreras o, sencilla-mente, las derriba impulsado por el instinto certero de que ningún especialista tiene potestad para relativizar el acontecimiento único de Jesús y la significación actual que encierra su figura. Tengo que ir a Élö, dice el hombre sencillo (am-ha-arez), porque me perteneceö.