Otelo, que se representó en 1604 pero se publicó en 1622, es, dramáticamente, el ejemplo de los celos. Más aún cuando siendo infundados tendrán el mismo trágico desenlace que Romeo y Julieta. La obra presenta otra psicología importante en la perso del maquiavélico Yago que es quien conscientemente prepara y trama la difamación que desencade la tragedia.