Es pleno verano en Tucumán, u pequeña provincia del norte argentino. Javier y Martín llegan desde la ciudad hasta el. apartado campo de un tío para pasar parte de sus vacaciones. Cierta maña, las inexplicables heridas que muestra un toro del rancho y la misteriosa desaparición de uno de los peones, despierta en los jóvenes amantes de los libros de terror u irrefreble curiosidad. Husmeando en los alrededores descubren un antiguo ingenio azucarero, y escuchando las palabras de Rosita, la prima de Martín, descubren antiguas leyendas lugareñas, como la de la criatura demoniaca llamada Perro diablo. Poco a poco, con pequeñas dosis de escepticismo y mucho coraje, comprenderán que si un animal puede ser un enviado del demonio, también pueden serlo algunos hombres.