El modista reinte en aquel nuevo mundo de harén fue Paul Poiret que, con sus ojos flameantes de hipertiroideo y su barbita, le parecía al joven Cocteau ?u especie de castaña gigantesca?. Innovador y reacciorio a la vez, tirando de la moda y soñador generoso e idealista, Poiret fue u persolidad complicada y quizás la más paradójica en muchos aspectos que la moda ha conocido en la actualidad, cuando los modistas han empuñado, por propio derecho, el cetro de árbitros de buen tono. Para apreciar la influencia revolucioria de Poiret hay que tener en cuenta a los reyes que destronó. ?Desencadené la guerra al corsé, alardeaba este modista irreprimible, y, de todas la revoluciones, la mía se hizo en nombre de la libertad... para dar libertad a los estómagos?.