El ladrón no había visto nunca tanta brutalidad. Pero no podría intervenir. Era el invitado de honor a un espectáculo siniestro. El presidente. Su risa era inconfundible. La risa de los hombres que no pagan por sus propios errores. La jefa de gabinete. El hombre que es capaz de engañar a quien le manda deberá afrontar los monstruos que a creado. Pero Gloria Russell no conocía este proverbio. El abogado sus cartas eran riesgo, fortuna y muerte. El guarda espaldas Era como una película ya vista... como si ya supiese el final: esa enloquecida exhibición de poder absoluto.