A caballo entre la vigilia y la súbita revelación suscitada por el sueño, Pradera de masonite despliega con fortuna una escritura de acercamiento a aquellas cosas que a su autor le son caras. De esta forma, una vez que la palabra ha logrado hacer suya la experiencia afectiva, el texto permite al lector ser partícipe de una inquietante recreación del mundo, que le devuelve, de forma decantada, su condición adánica e irrepetible. Sin duda se trata de un texto de dualidades: poema de largo aliento que se desborda en sonoridades y silencios que emulan la forma musical, pero a la vez, poema visual y reflexivo que invita al lector a emprender una lectura múltiple. Praderas de masonite no recuerda que lo esencial del poema reside en su poderoso contenido mimético-sensual antes que en su consumación como forma.