Los beneficios que el conocimiento y aplicación de la ciencia y la técnica han aportado a nuestra sociedad son sin duda incuestionables. Ellas han incidido radicalmente en nuestra actual calidad de vida, en sus distintos aspectos (salud, transporte, alimentos, telecomunicaciones) y han generado profundas transformaciones sociales. Sin embargo, es igualmente incuestionable que la ciencia y la tecnología han contribuido a la creación de nuevas formas de amenazas a la existencia humana o a aquella misma calidad de vida.áEn efecto, a partir de los años setenta han comenzado a ser percibidas con amplitud la gravedad v la urgencia del problema ambiental, puestas de manifiesto por las numerosas catástrofes y crisis de este tipo que se vivieron en las últimas décadas. La perturbación de la biosfera, el calentamiento global, la modificación del pH oceánico, la desertificación ligada a la deforestación, la lluvia ácida, la contaminación de las napas freáticas, etc., se constituyen en las consecuencias no intencionadas del ilimitado crecimiento industrial y tecnológico propulsados por las necesidades de confort, consumo y calidad de vida nunca del todo satisfechos.