Dos acontecimientos de la década de 1920 marcaron con profundidad el pensamiento político de Hannah Arendt (Hannover, 1906-Nueva York, 1975). Al primero de ellos lo denominó shock filosófico -la filosofia de la existencia de Jaspers y sobre todo de Heidegger, con quien mantuvo a lo largo de su vida un estrecho y conflictivo vínculo- y, al segundo, shock de la realidad -la consolidación del movimiento nacionalsocialista en Alemania, el surgimiento del totalitarismo que la obligó a emigrar-. Ambas experiencias ponen en movimiento su necesidad de comprender, que en estos escritos se convierte en un intento incesante de traducir al lenguaje de la experiencia el peligroso y a menudo brutal choque del hombre moderno con los hechos.