En las primeras páginas de este atractivo volumen David DiSalvo nos cuenta la historia del fallido intento de robo en una tienda. La cosa hubiera podido ser peor nadie resultó muerto, pero dos de los colaboradores de DiSalvo resultaron gravemente heridos y corrieron riesgos desproporcionados, teniendo en cuenta el «suculento» botín de los ladrones que se reducía a unos paquetes de tabaco. Los empleados de la tienda no eran precisamente unos tipos muy osados, y sabían muy bien cómo comportarse de forma más delicada y menos peligrosa. Pero no lo hicieron. En lugar de ello y de calcular el riesgo que podrían correr decidieron obrar de forma atrevida e inconsciente. ¿Por qué?áDiSalvo expone la irracional forma de pensar de estos dos desventurados empleados cuyas decisiones resultaron notablemente equivocadas debido a unos prejuicios bastante comunes. Uno de los dos jóvenes quedó obnubilado por el arcaico concepto de no comportarse de manera cobarde y afeminada, prejuicio que con frecuencia actúa por debajo de un nivel consciente. El otro empleado también actuó imprudentemente, en este caso por el deseo de obrar de acuerdo con el guión de héroe. Ambos se comportaron de manera impetuosa y automática, sin pensarlo bien, adoptando unas decisiones de las que habrían de lamentarse más tarde.