SAKUNTALA DE KALIDASA

SAKUNTALA DE KALIDASA

$ 30.00
Pesos mexicanos (MXN)
Sin Existencia, informes favor de llamar
Editorial:
PORRUA
Año de edición:
ISBN:
978-970-07-3176-6
Páginas:
104
$ 30.00
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El nombre de Kalidasa descuella en la poesía india y la resume brillantemente, y por esta poderosísima razón, no podía faltar su obra maestra, Sakuntala, > en esta COLECCIóN, > destida a divulgar cuanto de más grande y más bello ha concebido el pensamiento humano. Si las obras maestras de los griegos fueron conocidas desde muchos siglos atrás por la civilización cristia, en cambio El Ramaya, El Mahabarata >y los frutos del genio de Kalidasa tardaron siglos en llegar hasta nosotros. Se hallaban separados de la mentalidad europea, no sólo por la distancia geográfica, sino también por el lenguaje en que fueron trazados, en esa maravillosa lengua sánscrita que es el lenguaje clásico de la India mileria. Fue preciso que los ingleses conquistaran la península indostánica palmo a palmo, que los franceses se establecieran en la indochi para que el pensamiento europeo, dirigiendo la vista hacia Oriente, inspirase a dos sabios, el inglés William Jones y el francés Chezy, el anhelo de estudiar el sánscrito para llegar a conocer aquellos libros santos que formaban la médula del inmenso país conquistado. Muchos siglos antes de nuestra Era, el monje budista Valmiki había escrito El Ramaya, > que seguía a los libros santos de los Vedas, y posteriormente se escribió por varios rapsodas, no bien identificados, la epopeya del Mahabarata que, aunque magnífica, es, a mi entender, inferior al Ramaya. Entre los numerosos episodios que integran El Mahabarata > se encuentra el del anillo de Sakuntala, pues el hijo de Sakuntala es uno de los Principales héroes de esta obra gigantesca. Su nombre, Bharata, viene de la palabra sánscrita Bri >, que significa el muy amado y se repite con frecuencia en los poemas índicos. Hago esta aclaración para que no confundan mis lectores al príncipe Bharata, que figura en El Ramaya, > con el hijo de Sakuntala. Los grandes clásicos impregn el mundo cultural de hoy, al igual que nutrieron el de edades pretéritas. Constituyen todavía su nervadura. Pero dificultades de idioma, diferencias de sentido y enfoque de la vida y hasta premura de tiempo, hacen cada día más difícil que accedan directamente a ellos los niños y aun los jóvenes.

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