SATIRICON

SATIRICON

$ 190.00
Pesos mexicanos (MXN)
Sin Existencia, informes favor de llamar
Editorial:
LIMUSA
Año de edición:
ISBN:
978-950-23-1179-1
Páginas:
398
$ 190.00
Pesos mexicanos (MXN)
Sin Existencia, informes favor de llamar

Recorrer las páginas del Satiricón es como caminar por la vieja ciudad de Pompeya, sepultada por el Vesubio y mantenida viva para nosotros a través de casi 2.000 años. La dinámica peripecia de la obra, el lenguaje llano y desenfadado, de sencillez cotidiana, están vivos como la ciudad vecina del escenario de sus principales aventuras Caminando por Pompeya tendríamos la impresión de que Encolpio, Agamemnon o Gitón pueden salir jaraneando por la puerta de cualquiera de las muchas casas que año se mantienen en pie. Quizás Pompeya fuera la Graeca Vrbs del capítulo 81, aunque hoy los críticos se inclinan a identificarla con la muy cercana ciudad de Pozzuoli (Puzol), basados en una serie de coincidencias llamativas. Otros han pensado que ninguna de las referencias tópicas de la obra deben tomarse al pie de la letra, y que Petronio quiso que sus personajes, a diferencia de los pícaros de la novela moderna, ligados a las madrigueras de sus ciudades, fueran trashumantes y no arraigaran en ninguna parte. Sabemos que se mueven, no en busca de excitantes aventuras, sino huyendo de las víctimas de sus fechorías, que incluyen robos, un asesinato y otras trapisondas, a partir quizás de Marsella, a la que aluden en el curso de la obra. Así van bajando sin prisa, quizás por la vía Aurelia, deteniéndose donde los tomaba la noche o los retenía cualquier peripecia o la perspectiva de una opípara comida gratuita. Y bajando, bajando llegan al final a Crotona, ciudad que, aunque se mencione, el autor no ancla con ninguna de las señales de detalle que podría haber incluido. Y quizás ni siquiera allí terminen las aventuras, y los dejamos con pena, como a esos héroes de las series, que vemos alejar con cierta nostalgia y nos gusta ver reaparecer entregados a nuevas truculencias. La obra es de final abierto, y quizás así la pensó y la quiso Petronio, con personajes que no son héroes, sino antihéroes, trapalones que viven trampeando a salto de mata, felices algunas veces y otras, víctimas de la situación o el azar. Y eso no obsta para que, al fin de cuentas y pese a todo, lleguemos a quererlos, quizás porque son humanos, demasiado humanos.