Ante tantas agresiones sociológicas del siglo XXI, la sensación de soledad tanto en hombres como en mujeres, es alarmante. Las relaciones entre los individuos son permanentes, e incluso invasivas en lo social y en lo laboral, pero familiarmente hablando, numerosos matrimonios viven un profundo abandono por causas profesionales. Existen desoladas maneras de coexistir en pareja, soledad más dolorosa que la de estar físicamente aislado. Y es que la indiferencia a la que han llegado marido y mujer, por cuestión de la competencia profesional o el anhelo hedonista, es la más grave de las agresiones. A esto ha llevado el desorden familiar o la desistematización funcional del núcleo que debiera ser una verdadera comunidad de vida y amor. La sociedad postmoderna ha llevado sutilmente a hombres y mujeres a construir un alarmante individualismo, padeciendo además un fuerte sentimiento de no ser reconocido o amado, muchas veces causado por actitudes de orgullo y superioridad, que engendra distanciamiento. La persona se sentirá no querida, pero la realidad objetiva es que no ha amado, no se ha entregado a los demás por no distinguir lo verdaderamente importante para su felicidad.