Recreación libre de un cuento tradicional judeo-marroquí, las hermosas ilustraciones recuerdan a Chagall y al arte africano, pero no están lejanas de la sensibilidad artística de México. Un solterón malhumorado y avaro se encuentra con un genio que le regala una olla mágica. Una vieja avara se la roba. La escena se repite nuevamente, hasta que en la tercera ocasión el genio le da una olla que cuando se llena de agua le permite ver a quién le ha robado sus ollas mágicas, como si fuera un espejo. El solterón la busca y se enamora, a pesar de que ella es tan horrible, amargada y avara como él. Valiéndose del simbolismo del espejo la autora sugiere que siempre hay un lado positivo en las personas. El texto e ilustración permite no sólo conocer relatos de la tradición de otras culturas, también nos permiten ver cómo viven. Particularmente la ilustración aporta una muy rica información sobre la cultura material de una comunidad tradicional en el Magreb.