Antonio José de Sucre, al que la historia recuerda como ´Gran Mariscal de Ayacucho´, nació en Venezuela en 1795 y murió en una emboscada en 1830. Ese breve lapso de vida le permitió desempeñar un rol protagónico en años cruciales de la lucha por la independencia sudamericana. Hijo de una familia aristocrática, su padre ejerció importantes cargos militares y administrativos para la Corona española. Era poco más que un niño cuando Antonio se alistó en las filas patriotas acompañando a Francisco de Miranda, y supo ir acuñando experiencias aun de los fracasos de una revolución temprana. Ya llegaría la campaña de liberación de Ecuador, que culminó con la batalla de Pichincha, de 1822, y que abrió la senda para liberar al Perú, tras la partida del General San Martín. Sucre fue un colaborador inestimable para Simón Bolívar. Con él participó en la gloriosa batalla de Junín, en 1824, y halló su momento de mayor gloria en Ayacucho, logrando el triunfo que marcó el fin de la dominación española en Sudamérica. Fue fundador de la actual República de Bolivia, y supo mantenerse al margen de las luchas de facciones que perseguían más los privilegios momentáneos o la gloria personal que los altos intereses de la libertad. Orlando Yans, que repara obviamente en los méritos guerreros de Sucre, no deja de mencionar en esta breve obra sus habilidades diplomáticas, su capacidad para la redacción de normas jurídicas y sus grandes dotes administrativas que lo alejaron más de una vez del frente de combate, donde él ansiaba estar. El presente volumen da una acertada visión general sobre un soldado que supo levantar en cualquier puesto que le asignara la revolución, una bandera de triunfo.