Si usted va por la calle y ve a un grupo de chavos quemando un basurero, seguro que se lo pensará dos veces antes de intervenir para recriminarlos por su incívica actuación. ¿Por qué? Simplemente por miedo. Miedo o incertidumbre llámelo como quiera, porque usted no sabe cómo van a reaccionar estos mozalbetes empecinados en que el basurero callejero arda como un tizón verbenero. También estoy convencido de que usted, que es una persona con dos dedos de frente, intuirá y con muy buen tino que, en un primer momento, no conseguirá que reaccionen con acatamiento, humildad y arrepentimiento por el acto vandálico que están llevando a cabo. Todo lo contrario: lo mandarán a usted a la m . . . y tendrá suerte si no le agreden físicamente por la irresponsable insolencia de meterse con ellos.