Todavía no cumplí cincuenta y ya estoy muerto > podría ubicarse sin dificultad dentro de la llamada novela negra -muy en la línea descarda y directa de Jim Thomson o de David Goodis. En estas págis late, además, u sexualidad torturada y extrema que rinde tributo a la más irreverente rrativa erótica. Sin embargo, el autor trasciende ambos géneros para ofrecernos el sombrío retrato de nuestro tiempo a través de un persoje que encar los horrores de u época marcada por la represión política, el derrumbe de las ideologías y quiebra moral. En efecto, de manera simbólica y sin sacrificar nunca la impecable trama, Javier Chiabrando > consigue u inquietante reflexión sobre los avatares de América Lati en los últimos treinta años. ´¿Soy un torturador o un exiliado político? ¿Un psicópata o un militante de ultraderecha que persigue lacras sociales? ¿Un romántico o un nihilista? ¿Soy bueno o malo? ¿Soy el Diablo´? Oculto en un departamento parisino, un hombre recuerda su vida. Evoca los acontecimientos que marcaron su existencia y que hicieron de él un asesino y un ser margil, alguien que, desde las sombras ominosas de la noche, intenta determir el momento preciso en el cual su itinerario vital se torció fatalmente. Cargada de un fuerte erotismo y de u violencia sorda, esta novela explora los recovecos de u conciencia lle de culpas que deambula por un mundo en el cual la militancia y el idealismo político de antaño se ha convertido en miedo, venganza y degradación.