El mar te llamará, con el sonido de una campana que repica sola, con un vaho de voces prolongadas, o con el suave roce de la espuma en la arena, como una seda oscura que se rasga. Y el olor de la sal ha de llamarte, y el carcomido olor de la madera, el olor de las (lores agitadas a la orilla del mar. Escucha y calla. Fue capitán de navío y el carbón de las altas chimeneas y la sal y la profunda libertad del mar conocieron su rostro. Yo lo he visto pasando sus días entre cosas de costumbre sacra y espesa.