Descendientes de un linaje reconocido con el nombre de uacúsecha o vacuxecha (´gente de la Casa del Águila´), los purépechas llegaron supuestamente del norte a la cuenca del lago de Pátzcuaro, donde establecieron alianzas con los antiguos pobladores de las islas y tierra firme, hasta lograr consolidarse como grupo hegemónico con sede precisamente en Tzintzuntzan: Mechuacan o Mychuacan en lengua náhuatl. Por otro lado, la diferencia de su singular lenguaje respecto de los demás idiomas mesoamericanos hace suponer un particular origen remoto. Precisamente su antigüedad y longevidad es uno de los aspectos más relevantes de este grupo étnico, al que por ser tan diferente de las demás etnias mesoamericanas se le ha restado trascendencia e importancia, lo cual a todas luces es injusto, como se desprende de la lectura de esta obra, que relata la historia de Tzintzuntzan y explica cómo llegó a ser la capital del reino purépecha. Entre las evidencias concretas perduran los vestigios arqueológicos, a los cuales se suman testimonios escritos, relaciones y crónicas en documentos del siglo XVI y otros más tardíos, que aquí se examinan.