Esos documentos justificativos, que son al mismo tiempo un testimonio de la conducta heroica de Maximiliano y un nuevo título de gloria para su casa, fueron perdidos por el Emperador la noche misma de la traición que le hizo caer en manos de los soldados de Juárez. Por fortuna el comandante Rodríguez, que los había escrito con su propia mano, logró salvar un ejemplar de cada documento. La familia imperial de austria les tendría ya, si la muerte no hubiera sorprendido en su camino a ese valiente oficial. Para que la opinión pública de a nuestra narración su valor positivo, debemos declarar que hemos sido amigos del general Márquez hasta el día en que ya no nos fue posible dudar de su traición.