Ser llamado por Dios es fuera de toda duda, la vocación más alta a que se pueda aspirar. Pero servirle implica entrar en un combate, y conviene no olvidar que en una guerra no hay soldado sin heridas. Las páginas que te dispones a leer no fueron escritas de un tirón, sino que surgieron a lo largo de un proceso que condujo al autor por momentos y circunstancias difíciles. José Luis Navajo, en base a su extenso peregrinar como pastor, afirma que: ´En ocasiones logré empapar la pluma en el corazón de Dios, pero en otras, la tinta fue sangre que brotó de mis heridas. Algunas líneas fueron redactadas a la luz del arco iris y otras nacieron al fragor de incómodos pensamientos´. Una cruz en el desierto sienta a todo creyente -interesado a servir a otros- a los pies del Maestro.