La niña camiba y sus piececitos descalzos se le ponían morados de frío. En su viejo delantal guardaba u gran cantidad de cerillos y, en la mano, llevaba otro manojo. die le había comprado uno solo a lo largo del día, die le había dado un solo centavo. Estaba hambrienta, tenía frío y miedo. ¡Pobre niña! Su cabellera rubia, que se perdía en hermosos rizos a la altura de la nuca, estaba cubierta de copos de nieve. Sin embargo, ella solo pensaba en algo de comer. Era Año Nuevo. ..