Desde la caseta de un vigilante la ciudad no amanece, toda es noche, acecho y laberinto. El vigilante se enfrenta a un crimen que desmoro su existencia, y el tratara de reconstruirla sobre el cimiento de lo único que le queda: su memoria. Entre rondas y atisbos a la intimidad de las casas, sus recuerdos resultaran tan despiadados como las calles que devoran a su padre y a su abuelo. ¿Para que vigilar si no es posible proteger? ¿ vale la pe velar por vidas frágiles y sin sentido. El vigilante se incorpora a esa tradición de obras extrañas y fascintes, un duro poema épico, mezcla de violencia y melancolía.