Para comprender el efecto Guggenheim´ tome un taxi desde el aeropuerto, iugurado en 2000 y obra de Santiago Calatrava, en dirección al centro de la ciudad. Al salir del túnel, estará ya circulando por el puente más alto de Bilbao sobre el Nervión, y allí, justo a la derecha, descubrirá el nuevo símbolo de la ciudad. En el pasado, la decadencia de la industria siderúrgica y de los astilleros hizo recuperar el cariñoso apodo que se daba a la ciudad, ´el botxo´ el agujero. Pero a los vascos, un pueblo orgulloso, se les ocurrió un ambicioso proyecto: el brillante Museo Guggenheim de Frank Gehry. Este plan provocó un boom turístico y la regeneración de toda la ciudad. Hoy día las grúas perfilan el horizonte urbano y tras cada proyecto nuevo encontramos a arquitectos como Norman Foster, Philippe Starck, Zaha Hadid y Santiago Calatrava. ´