En pleno siglo XXI, aún hay ciudades que se venden como piezas de museo y reclamos turísticos y en Estambul, los increíblemente abundantes monumentos y las numerosas tiendas de alfombras cumplen ambas funciones a la vez, aunque esta es una metrópoli gigantesca que nunca para quieta y no se trata de ninguna referencia velada a la actividad sísmica. El hormigueo de bares, cafeterías y restaurantes siempre depara nuevas experiencias. Tras hacerse un hueco como ciudad artística con la inauguración en 2005 del Ístanbul Modern y la remodelación del Sakip Sabanci Müzesi, la última encarnación ha sido como paraíso de las compras, con joyas como el centro comercial Nisantasi, AddresÍstanbul y el edificio residencial y comercial Kanyon de Levent. Incluso los tesoros de la Antigüedad parecen haberse renovado con el lavado de cara de Topkapi Sarayi la visita al palacio es obligada puesto de mando del Imperio Otomano, sitio de recreo de los sultanes y una delicia para los turistas.