El atractivo arquitectónico de La Habana reside en su virginidad. Sin dinero ni recursos, no se ha derribado nada para construir algo mejor. Es un libro abierto sobre planificación urbanística, una demostración viva de los efectos de la conurbación, con cada barrio caracterizado por los ejemplos notables de los estilos en boga de su época. La gran preocupación es que esta ciudad inocente caiga en las garras de la especulación. Aunque se ha hecho lo posible para preservar su integridad, algunas zonas necesitan urgentemente medidas de protección. Quizá lo más sorprendente de La Habana es la joie de vivre´ de sus habitantes. Los habaneros han aprendido que lo bueno llega a los que saben esperar, y mientras esperan disfrutan de la música y el baile. La ciudad cambiará poco, al menos en los próximos cinco años, pero hay que visitarla ahora, antes de que lo haga. ´