Resulta tentador pensar que París es inmutable, que siempre habrá un rincón en la ciudad en el que podrá cruzarse con Eugène de Rastignac o Jake Barnes, o tropezarse con el beatífico Miles Davis dirigiéndose al Club Saint-Germain, con una joven Juliette Greco del brazo. Pero lo cierto es que París es una ciudad en constante cambio, si bien a veces pausado. Pregunte a cualquiera que haya probado la salsa de regaliz de Le Réfectoire, antes de encaminarse a la Rué des Taillandiers para descubrir las nuevas adquisiciones de Patrick Seguin. O bien tome la línea 14 para llegar a las obras del 13° arrondissement y a la Très Grande Bibliotèque, aunque sea sólo para contemplar cuan rápido lo que ayer era una locura hoy es monumento en esta ciudad. Si visita Skeen verá que sólo en París aún inventan nuevas formas de vender productos de belleza al hombre, o eche un vistazo a las económicas barberías junto a la Gare de l´Est, repletas de inmaculados diseños de Joe Colombo.