Seamos honestos durante los últimos años el viejo cliché ha convertido Río en u ciudad para Mario Testino repleta de bellezas esbeltas y bronceadas, pero sin da más que ofrecer. Mientras que Sao Paulo y Buenos Aires son ciudades dinámicas, ambiciosas y rebosantes de energía creativa, Río rechaza lo urbano, después de todo es u ciudad embutida entre playas y montañas. Por lo demás, habría que estar loco para no sacar partido a estos recursos turales. He aquí u ciudad menos preocupada por el debate de ideas que por el ritmo y la sensualidad. Y si hay algo que no falta en Río es ritmo. Pero es también u ciudad con un constante afán de mejora, un mosaico de edificios de estilo colonial y de construcciones de característico modernismo curvilíneo. Y aunque no haya planes urbanísticos que desechar, recuperar o tirar como sucedió entre los treinta y los sesenta y el proyecto Guggenheim haya encontrado dificultades, sigue siendo u ciudad dinámica y frívola.