La de Shanghai siempre ha sido una historia de extremos. Botín de Gran Bretaña en la primera guerra del Opio, la ciudad pasó a conocerse como la Puta de Oriente´. Duramente castigada por la ´liberación´ comunista, se convirtió en una base ultraizquierdista para Madame Mao durante la Revolución Cultural. Hacia los años ochenta, en su anhelo por dar el salto a la modernidad, se erigieron en ella las estructuras más despampanantes de China, al tiempo que se arrasó con los edificios emblemáticos del pasado. Recientemente, la ciudad parece haber empezado a sentirse cómoda en su piel. Los signos externos de su renacimiento son palmarios. En el Bund ´malecón´, chefs de primera línea abren restaurantes y se instalan marcas de lujo. Las antiguas fábricas y almacenes cobijan hoy prístinos centros de arte y diseño, y las mansiones desvencijadas se están reconvirtiendo en boutiques y clubes. ´